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martes 8 de enero de 2008

PSICOLOGÍA DE LA MUJER MALTRATADA

Una visión personal

La mujer maltratada no es débil ni inconsciente como los medios de comunicación plantean.

Ella es muy consciente de que su relación no es como debiera ser en muchos aspectos, de que otra persona le está haciendo sufrir y de que ella está en una situación de dominación del genero masculino sobre el femenino que no debería consentir no solo por ella misma sino por todas las mujeres.

Por otro lado no es débil, ella es fuerte y se sabe con fuerza suficiente para salir de donde está, puede que se vea a sí misma incluso mucho más fuerte que el maltratador. Si es lo bastante fuerte como para soportar lo que soporta desde la primera humillación (en la que tuvo que elegir si perdonar o rechazar) lo es mucho más para luchar contra ese hombre.

Tampoco es, como nos dicen, ignorante; ni está donde está por causas económicas (o no únicamente). El maltrato afecta a mujeres de toda clase social, mujeres trabajadoras, mujeres con estudios, mujeres inteligentes, brillantes, conscientes, luchadoras, emprendedoras; el maltrato afecta tanto a la obrera como a la patrona, tanto a la ama de casa como a la eminente científica. Afecta a mujeres con y sin dinero, aunque es cierto que no tener dinero dificulta aún más la salida.

Si ella sabe que él la maltrata, si es fuerte como para liberarse, si sabe que está sufriendo en ella misma el machismo que tanto rechaza, si es una mujer inteligente, instruida, independiente ¿porqué no se libera?

Ante esta pregunta muchas personas optan por culparla a ella de su situación: “a ella le gusta eso”, “le va el rollo masoquista”, “está ahí porque quiere”.

Muchxs amigxs le dan la espalda, no comprenden lo que pasa, le dicen a ella lo que piensan e incluso ella les da la razón pero sigue allí. Es posible que alguna vez la ayudasen a romper con él...pero luego ella volvía, siempre volvía. Finalmente lxs amigxs se rinden, se alejan “ella ha cambiado tanto”, “me ha decepcionado, ella consiente esa situación, he hecho lo que he podido pero ella elige ser humillada...”

Y ella está cada vez más sola, se va cerrando el círculo, ella está sola en una burbuja de pasión, de un amor por el que está dispuesta a morir... y contempla como todos sus seres queridos se alejan de ella porque no comprenden su amor, no la comprenden a ella. Ellxs le exigen que renuncie a lo que más quiere si quiere conservarlxs, le piden demasiado, si la conocieran sabrían que eso es imposible. Sabe que lo hacen por lo que ellxs piensan que es su bien; pero ¿qué saben ellxs?...si estuvieran en su lugar harían exactamente lo mismo.

Ella no se siente identificada con lo que se dice frecuentemente en los medios de comunicación, no se ve en el perfil de mujer maltratada, porque no se ve ni tonta ni débil víctima. Antes bien, sabe que es inteligente y fuerte. Tampoco se ve sumisa, es tan rebelde que está dispuesta a rebelarse contra lo que le dice el mundo entero y contra su salud y contra su vida...y todo ello por un sentimiento que la embarga y que da sentido a toda su vida. Un sentimiento que solo quien ha sentido por un momento el éxtasis provocado por algunas drogas muy fuertes o el extremo de la fe religiosa, o tal vez una pasión abrasadora en un instante de su vida puede comprender. Cuando él la ama su corazón se acelera, cuando la desprecia se acelera más todavía...las reconciliaciones son más hermosas cuanto más violenta es la caída. Ella observa que también él sufre y parece adicto a ese sufrimiento que luego se disuelve en besos. Son como drogadictos del amor...pero para poder mantener siempre esa intensidad (que las personas normales solo sienten en situaciones extremas como la muerte de la persona amada o tragedias semejantes) hay que crear, como si se tratase de una novela, guiones cada vez más trágicos, situaciones más intensas...y la espiral de dolor y placer cada vez se intensifica más, pues esta situación tiene que ser más fuerte que la anterior. Todo vale: palizas, violaciones, humillaciones; él ejerce su dominio, pero ella también lo ejerce; al final él acaba recurriendo a la violencia; todo vale, todo para que se dispare una vez más la adrenalina.

Un día se da cuenta de que es una mujer maltratada, de que la espiral de adrenalina ha ido demasiado lejos, pero ¿qué le importa?, no podría vivir sin eso ¡qué vacío experimentaría sin él!, ¡nada tendría sentido!

En algunas ocasiones ha intentado dejarle...él trató de impedírselo con toda serie de amenazas que tan solo la reforzaban en sus ganas de liberarse. Pero ella no pudo, y no fue por lo que él hizo sino porque ella no podía probar bocado, porque no quería seguir viviendo, porque sentía nauseas, no podía dormir, enfermaba constantemente, tenía diarrea, le dolía todo, estaba pálida, iba de un lado a otro, se le caía el pelo...¡pero no podía dejarse morir de ansiedad!, ¡necesitaba su droga!...así que volvía con él y cerraba los ojos y los oídos a todo lo que le decían sus amigxs y que solo la fustigaba aún más “¡¿Pero no ves que él te maltrata?!”; ella les contestaba con un silencio “¡¿No veis que no puedo, me moriría?!, ¡¿No veis que no quiero?!...aun en el peor caso, en caso de muerte, ¡prefiero morir así que morir en el vacío!...me llamáis sumisa, me creéis sumisa, pero me rebelo frente a todos y frente a todo ¡Me estoy suicidando por amor y así hago uso de mi libertad!”

Los amigxs siguen diciendo “es masoquista, ¿no veis lo que dice?” y algunxs espabiladxs dicen “es como una yonqui, tiene una adicción, hay que tratarla como a una drogadicta, a nadie le gusta que le humillen ni le peguen”.

Y es cierto...ella es una adicta, pero no a una droga cualquiera sino a la de los sueños y los deseos más profundos, es adicta a ese amor que construye todo su mundo emocional y racional, a ese amor al que ha amoldado su personalidad.

Tal vez algún día una paliza la ponga cerca de muerte y haga a su parte más animal reaccionar frente a él, tal vez los tribunales se conviertan en una barrera demasiado fría entre ellos, tal vez alguien la fuerce a salir diciéndoselo a su familia o amenazándola con matarlo si ella no le denuncia...un acontecimiento la fuerza a reaccionar y de pronto se ve arrojada al mundo sin él.

Puede que él entonces la humille, que le pegue o la viole una vez más...y esta vez ella ya no entrará en el juego. El juego ha terminado. Ya no hay amor en esas acciones. Ella se ha visto a obligada a verse como un perfil, como un número, como una persona con un problema y ahora él es su enemigo y jamás podrá ser otra cosa.

Ya no sabe quién es ella, no quiere nada, nada ama, solo siente el vacío y la ausencia de futuro. Sabe que ya no puede volver con él. Ya ha intentado suicidarse y no lo logró o tal vez no lo hace por su hermano pequeño...nada le llena. Las drogas no logran hacerle sentir aquello. La vida carece de aquel tipo de estímulos, nada la apasiona, se sabe trastornada, se siente trastornada y espera a que el tiempo, poco a poco la haga volver a sentir, volver a enamorarse de las pequeñas cosas, que le traiga alguna intensa pasión...espera olvidar algún día para poder seguir adelante. A veces recae en el pasado “¡ya no logro emocionarme!”, “¡nada me importa realmente!”...pero la vida sutilmente la va seduciendo y esa enorme fuerza que siempre fue ella se va reconstruyendo esta vez del lado de la libertad. Como un ave fenix se alza sobre sus cenizas y mira valiente al futuro consciente de que ha sabido sobreponerse incluso a su propia muerte.

“La nervios”