Testimonio vital de una anarquista
Durante tiempo creí que debía resignarme ante las imposiciones de la vida.
Mis padres, el colegio, los profesores, el cura, mi primer jefe.
Todxs tenían de alguna manera un control sobre mí y yo simplemente lo aceptaba sin cuestionarme el papel que ejercía mi persona.
Quería ser buena y que lxs demás me reconocieran por ello, para lo cual siempre cumplía con toda clase de obligaciones.
Pero dentro de mí había algo que me inquietaba. Yo no era feliz porque ni siquiera sabía que clase de persona era. Así que de esta manera busqué:
Busqué en el fondo de mi ser y encontré a alguien que tenía inquietudes. Alguien que se preocupaba por lxs demás y que no soportaba que le dijesen lo que tenía que hacer, alguien que fijó su mirada en las desgracias humanas y en quienes las provocaban.
De esta manera surgieron en mí sentimientos nuevos y descubrí que estaba enamorada.
Fueron las sumisión y las vejaciones, la explotación y la codicia de las personas las que me enseñaron a amar con grandes fuerzas a la LIBERTAD, aquella que no había palpado pero por la cual estaba dispuesta a luchar.
Y así me uní a gente que pensaba como yo y luchamos durante tiempo por esa libertad que nos pudiese hacer libres e iguales ante cualquier forma de represión.
Ahora mi vida se apaga y el mundo sigue sin ser libre, pero no me arrepiento ni de un solo minuto de mi vida empleado en esa lucha, ya que gracias a ella supe encontrarme y saber quien era, siendo ésta una forma de encontrar mi libertad.